
Ante el alza de la demanda y el clima extremo, Panamá apuesta por la eficiencia como su «primera fuente de energía»

Ciudad de Panamá, 30 de mayo de 2026. En un país donde la demanda eléctrica crece al ritmo de la digitalización y donde los fenómenos climáticos hacen cada vez más relevante una buena gestión de la energía, Panamá comienza a formar a su primera generación de administradores en eficiencia energética: 23 profesionales del sector público que aprenderán a obtener mayor valor de cada unidad de energía que consumen sus instituciones.
La Facultad de Ingeniería de la Universidad de Panamá inauguró el Diplomado de Formación de Administradores en Eficiencia Energética, un programa profesional semipresencial que forma a técnicos capaces de gestionar el consumo energético de las instituciones públicas conforme a estándares internacionales. El acto de apertura, realizado en el Auditorio de la Facultad de Ingeniería en el Domo por Albrook, reunió a los 23 participantes junto a autoridades universitarias, representantes de la Secretaría Nacional de Energía y del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
«Este diplomado tiene una incidencia estratégica. Los 23 participantes pertenecen a instituciones públicas que, en conjunto, representan el 40 % del consumo energético del sector público, y son quienes toman las decisiones de consumo en sus organizaciones. Eso significa que el programa puede mover la facturación energética del Estado y liberar recursos que hoy se destinan a pagar energía para que puedan reorientarse a salud, educación y otras necesidades de la población», Lisnely Valdés, Directora de Electricidad, Secretaría Nacional de Energía (SNE).
Para José Ramón Gómez, Especialista Líder Regional de Energía del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), «el país sigue creciendo y, con la digitalización, la demanda energética crece a la par». Frente a ese reto, sostuvo, la eficiencia energética se consolida como «la primera fuente de energía»: es la respuesta más inmediata y rentable para responder al crecimiento. «Permite que cada kilovatio hora consumido genere mayor valor económico y, al gestionar mejor la demanda, alivia la presión sobre los nodos de transmisión, como ya ocurre en otros países», explicó. Y agregó que todo ello fortalece la sostenibilidad financiera y la competitividad nacional: «Aquí hay personas que pueden ser agentes de cambio y jugar un rol definitivo en el ahorro del consumo nacional, porque lo más valioso que tenemos es el capital humano».
El Mgter. Elías López Otero, Decano de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Panamá, señaló: «Estas son iniciativas pequeñas pero muy poderosas. Hoy arranca como un diplomado, pero la idea es hacerlo crecer hasta convertirlo en una maestría, con una certificación reconocida a nivel nacional».
En tanto, Marta Bernal, Facilitadora del Módulo I: Políticas, Fuentes y Economía Energética, manifestó que «en un contexto de alta demanda y fenómenos climáticos extremos, gestionar bien la energía es una condición de resiliencia. Panamá tiene las políticas y la normativa; este diplomado forma a los profesionales que van a convertirlas en resultados concretos dentro de sus organizaciones».
Panamá avanza en la elaboración de su Plan Energético Nacional 2026–2040 y enfrenta el reto de reducir su dependencia de combustibles fósiles mientras mantiene la competitividad de su economía. En ese contexto, la formación de profesionales con capacidad de auditar, diseñar e implementar sistemas de gestión energética se convierte en un factor estratégico.
El diplomado cubre cinco módulos: Políticas, Fuentes y Economía Energética; Calidad y Continuidad del Suministro Eléctrico y Administración del Uso Racional de la Energía; Gestión de la Energía y Tecnologías Eficientes; Evaluación Económica y Proyectos de Eficiencia Energética / Energías Renovables; y Práctica en Campo y Proyecto Final de Auditoría Energética. Se extiende de mayo a octubre de 2026.
El programa cuenta con el apoyo financiero del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Su participación refleja la importancia que la cooperación internacional otorga al desarrollo de capital humano como componente esencial de la transición energética.




